La importancia de que un profesional revise tus textos

Posteado el 01.04.2015 por team twago

Tus textos te definen. ¡Preséntalos bien!

Tu aspecto ofrece información sobre ti. Muchísima gente se observa con detenimiento en el espejo y se cambia de ropa, se peina o se maquilla antes de mostrarse ante los demás. Buscamos que la sociedad nos acepte o incluso nos admire. Con los textos ocurre exactamente lo mismo: dan información sobre su autor o sobre la entidad a la que representan. Una ortografía deficiente, una sintaxis inadecuada o un estilo farragoso son elementos que dificultan la correcta transmisión de tu mensaje y que empobrecen la imagen que los lectores tienen de ti, de tu web o de tu empresa. Por el contrario, un texto claro y correcto es fácil de digerir, denota profesionalidad e inspira confianza. Como freelancer, deberías preocuparte por ofrecer unos textos inmaculados.

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¿Cómo mejoro mis textos?

Una cita comúnmente atribuida a Einstein dice: “Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar a los árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Al margen de quién la pronunciara, lo que nos interesa es que todo el mundo es bueno en algo, que suele coincidir con lo que le apasiona. Quien haya identificado su mejor destreza es probable que haya hecho de ella su forma de ganarse la vida. Es el caso de los editores y correctores profesionales. Las erratas son magnéticas para su pupila. La gramática es su credo. En el camino que va desde su retina hasta su cerebro se descodifican las ideas e intenciones encriptadas y, con unos hábiles toques de teclado, quitan el vaho que impedía verlas con nitidez.

Un revisor dejará tus textos limpios como una patena, consiguiendo que más gente los lea o que no los abandonen a medias. Esto supone:

  • Más visitas a tu web
  • Mayor tiempo de permanencia de los visitantes, que no huyen despavoridos
  • En una entrega a un cliente, una mejora impagable de su percepción de ti y de tu trabajo

¿No basta un corrector automático?

En absoluto. Esta idea es peligrosa y enseguida vamos a ver por qué. Si bien el corrector resulta imprescindible, está a años luz de ser suficiente.

¿Sabes qué son las palabras homónimas? Son aquellas que suenan igual o muy parecido, pero significan cosas distintas. Estas malvadas se ríen de los correctores automáticos, incapaces de detectarlas porque tienen una grafía correcta, a pesar de no decir lo que nosotros queremos decir. Aquí tienes algunos ejemplos:

  • hablando (de hablar) / ablando (de ablandar)
  • vaca (animal) / baca (la del coche)
  • zueco (calzado) / sueco (de Suecia)

Y hay muchísimas más, por no hablar de tildes diacríticas y otros expertos en camuflaje. ¿Crees que es difícil que escribas una en lugar de la otra? Te equivocas. La rapidez con la que tecleamos suele ser responsable de que no le demos a una letra con fuerza o de que presionemos por error la que está junto a ella. Te invito a que mires la distancia que separa la Z y la S.

Le debemos mucho a Christopher Sholes, inventor del teclado QWERTY, pero está claro que cuando colocó la B y la V juntas no reparó en que en español suenan exactamente igual. Muchos han soportado burlas de quienes pensaron que no sabía si una palabra se escribía con una o con otra, cuando, en realidad solo se le había escapado el dedo. No trates de venderle a un cliente tus “bastos” conocimientos, el resultado puede ser catastrófico. Y solo un revisor humano logrará evitarlo.

¿Y el estilo?

Que seas el mejor experto en un tema concreto no significa que sepas escribir sobre él. Cuentan que Francis Crick, Premio Nobel de Medicina, llegó un día decaído al laboratorio tras presentar un manuscrito a una editorial. Le habían recomendado que volviera a escribirlo de forma que lo pudiera entender una persona normal, así que le preguntó al ayudante si sabía de alguna a la que pudiera consultar, ya que él no conocía a ninguna. Probablemente era un caso extremo —no todos ganamos un Nobel—, pero ilustra lo que un revisor profesional puede hacer por ti. Sea cual sea tu especialidad, la suya consiste en conseguir que las ideas de tu texto queden expresadas con la mayor claridad posible para personas que no son tú.

El autor conoce su obra de memoria. Con frecuencia pasa por encima sin ver los errores de la misma. ¿Has notado el fallo? Usar “mismo/a” como pronombre está muy mal visto por la Real Academia y por conocidos lingüistas. Muchos no lo enmendarían —y menos aún un corrector automático—, pero un revisor sí. Un texto bien revisado dará mucho mayor alcance a su contenido.

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Carlos Pérez Botella es traductor, subtitulador, revisor y emprendedor. Se licenció en Traducción e Interpretación y cursó un máster en Subtitulado y Audiodescripción. Trabajó como freelance hasta que en 2007 fundó Subbabel con otros dos compañeros. Ha traducido, subtitulado y revisado todo tipo de materiales y también se ha aventurado en otros terrenos con El Fotopicón.

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